El cuerpo lleva la cuenta: qué le aporta Bessel van der Kolk al alto rendimiento
Síntesis del artículo del Instituto de Formación y Deporte (IFD)

Bessel van der Kolk es un psiquiatra holandés radicado en Estados Unidos que dedicó cuatro décadas al estudio del trauma. Su tesis central, que da título a su libro más conocido, sostiene que las experiencias intensas no quedan registradas solo como recuerdos. También dejan huella en la fisiología, la postura, el tono muscular y la forma de respirar. El estrés sostenido, la presión, el miedo, el dolor o una lesión pueden inscribirse en el cuerpo y manifestarse como tensión, rigidez, hipervigilancia, alteraciones respiratorias, patrones protectivos y cambios posturales. Su aporte no fue describir estos síntomas, que ya se conocían. Fue sostener que el abordaje puramente cognitivo, basado en la palabra y el razonamiento, resulta insuficiente cuando la huella está en el cuerpo. Por eso propuso vías de intervención que empiecen por lo corporal: respiración, movimiento y conciencia sensorial.

Por qué interesa al deporte. El alto rendimiento implica, en determinadas condiciones, estrés crónico, presión psicológica, miedo al error, dolor y lesiones. No son situaciones excepcionales, sino parte habitual de una temporada. Cuando ese escenario se sostiene, el cuerpo responde con patrones protectivos. El ejemplo más claro es el del atleta lesionado que recupera la fuerza, supera los tests y cumple los plazos, pero mantiene una protección neuromotora sobre el segmento afectado. El resultado es conocido por quienes trabajan en cancha: rigidez, compensaciones, miedo inconsciente y alteraciones biomecánicas. El jugador está apto en la planilla, pero no en el movimiento.

El artículo hace una precisión importante: van der Kolk investigó el trauma clínico, no el deporte. Lo que ofrece no es un protocolo trasladable directamente, sino un marco para entender por qué la recuperación física completa no garantiza la recuperación funcional. La extrapolación al alto rendimiento corresponde al IFD y debe hacerse con prudencia.

La respiración como puerta de entrada. Van der Kolk observó que las personas bajo estrés sostenido tienden a respirar de forma superficial, pierden movilidad torácica y permanecen en un estado defensivo. La respiración deja de ser un proceso automático y eficiente y pasa a reflejar el estado del sistema nervioso. Esto conecta con lo que los preparadores físicos observan a diario. Un atleta con respiración alta, poca excursión diafragmática y un torso que no rota no solo tiene una limitación mecánica, sino también un patrón que retroalimenta el estado de alerta. La respiración interesa como herramienta porque es medible y entrenable. La variabilidad de la frecuencia cardíaca, ya usada en el monitoreo de carga, refleja precisamente ese equilibrio autonómico.

De la teoría a la evidencia. Para no quedarse en lo conceptual, el artículo repasa el trabajo experimental del autor. En 2014 publicó un ensayo controlado aleatorizado con mujeres con estrés postraumático crónico y resistente al tratamiento. Un grupo hizo yoga adaptado al trauma y otro, educación en salud, durante diez semanas. Al final, aproximadamente la mitad del grupo de yoga ya no cumplía criterios diagnósticos, frente a una quinta parte del grupo control. Es un estudio con una muestra pequeña y una población muy específica, y no debe leerse como evidencia sobre deportistas. Aun así, muestra que una intervención basada en postura, respiración y conciencia corporal produjo cambios medibles en un cuadro que tradicionalmente se abordaba solo desde lo psicológico. Van der Kolk también estudió el EMDR frente a medicación y placebo, y más tarde el neurofeedback. Su línea es consistente: buscar vías de intervención que no dependan exclusivamente del relato verbal.

Implicancias para el trabajo diario. Sin forzar la analogía, el IFD plantea tres consecuencias razonables. La primera es ampliar los criterios de alta. Si existen patrones protectivos que sobreviven a la recuperación de la fuerza, los tests de retorno a la competencia deberían incluir algo más que umbrales de fuerza y simetría. La disposición psicológica al retorno cuenta con instrumentos validados en la literatura deportiva, ajenos a van der Kolk pero convergentes con su mirada. La segunda es incorporar la respiración al monitoreo y al entrenamiento. No como moda ni como un bloque de relajación al final de la sesión, sino como una variable que se evalúa, se registra y se entrena, igual que la movilidad o la fuerza. La tercera es leer los signos corporales como información y no como falta de carácter. Un jugador rígido, hipervigilante, que se contractura cada vez que se acerca una fecha clave, está transmitiendo información sobre su sistema nervioso. Interpretarlo como flojera o falta de mentalidad es injusto y metodológicamente pobre.

Una nota de prudencia. El cuerpo lleva la cuenta es un libro de enorme difusión, y esa popularidad trajo también revisiones críticas. Parte de la comunidad científica ha señalado que algunas de sus afirmaciones simplifican evidencia todavía en discusión. También ha observado que ciertos marcos que el autor recoge, como la teoría polivagal de Porges, siguen en debate abierto. Señalarlo no invalida su aporte, sino que lo ubica. Van der Kolk ofrece un marco interpretativo potente y una invitación a mirar el cuerpo como un registro, pero no protocolos deportivos validados. La traducción al alto rendimiento es tarea de los profesionales, y hacerla con rigor exige distinguir lo demostrado de lo que es una hipótesis razonable.

El cuerpo lleva la cuenta. La pregunta que deja el artículo es si nosotros la estamos leyendo.

IFD – Instituto de Formación y Deporte
www.formacionydeporte.com

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