Carga externa y carga interna en básquet: cuánto trabajó el jugador y cuánto le costó. El aporte de Aaron T. Scanlan
Síntesis del artículo del Instituto de Formación y Deporte (IFD)

Aaron T. Scanlan es un investigador australiano especializado en fisiología del ejercicio y rendimiento en básquet. Es profesor asociado en Central Queensland University, donde lidera un grupo de investigación en ciencias del ejercicio y rehabilitación. Tiene más de 180 artículos científicos y colaboraciones con organizaciones de la NBA, la NBL, la WNBL y la EuroLeague. Entre 2008 y 2016 trabajó como entrenador de alto rendimiento y científico del deporte de los Rockhampton Rockets. En su tesis doctoral desarrolló el Basketball Exercise Simulation Test (BEST), construido a partir de las demandas reales del juego. Su aporte puede resumirse en una idea: la carga externa es lo que el jugador hace; la carga interna es cómo responde su organismo a lo que hizo. Ninguna de las dos, por separado, describe el entrenamiento completo.

Dosis y respuesta. La carga externa es la dosis, es decir, el trabajo impuesto al jugador. Se expresa en duración, PlayerLoad, aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección, saltos e impactos, y sirve para prescribir y organizar el entrenamiento. La carga interna es la respuesta: el estrés fisiológico y perceptivo que ese trabajo provoca. Se mide con el esfuerzo percibido de la sesión (session-RPE), la frecuencia cardíaca y sus modelos de carga, o el lactato, y sirve para saber cómo se está tolerando el trabajo. El artículo hace una precisión útil. El bienestar, el sueño, el dolor muscular o el salto no son carga interna, sino indicadores del estado del jugador: recuperación, preparación y fatiga residual. Conviene integrarlos al sistema sin mezclarlos conceptualmente con la carga producida en la sesión.

Relacionadas, pero no equivalentes. En el primer análisis específico en básquet, Scanlan y colaboradores siguieron a jugadores semiprofesionales durante una pretemporada. Compararon la acelerometría con tres modelos de carga interna. Todas las relaciones fueron significativas, pero ninguna cercana a la perfección. Incluso en la más fuerte, la mayor parte de la variación no era compartida. Por eso, si el PlayerLoad sube un 20 %, no hay razón para esperar que el esfuerzo percibido o la carga cardíaca suban en la misma proporción.

Un estudio posterior amplió el análisis a una temporada completa. El PlayerLoad fue la variable externa que mejor se relacionó con la carga interna, sobre todo con la carga cardíaca por zonas. Entre las acciones individuales, los cambios de dirección mostraron las relaciones más fuertes, por encima de aceleraciones, desaceleraciones y saltos. La actividad multidireccional aparece así como un estresor central del básquet. La otra conclusión es igual de importante: la relación es mucho más predecible en el entrenamiento que en el partido. En la práctica, el preparador controla duración, espacio, pausas y reglas. En el partido intervienen el marcador, el rival, la localía, los viajes, la presión y el rol de cada jugador. Por eso una carga externa similar puede producir respuestas distintas en dos partidos.

Por qué no coinciden en básquet. El artículo señala cinco razones. La primera es la intermitencia extrema: caminar, acelerar, frenar, saltar, chocar y volver a acelerar en pocos segundos, una dureza que el promedio del acelerómetro no capta. La segunda son los movimientos laterales y cambios de dirección, que pueden elevar el esfuerzo percibido más de lo esperado. La tercera son las acciones isométricas, como bloqueos, sellos y defensa del poste, que generan mucha tensión muscular con poco desplazamiento. La cuarta es el retraso de la frecuencia cardíaca, que no refleja al instante un sprint, un salto o una frenada de pocos segundos. La quinta es el componente cognitivo y emocional: el esfuerzo percibido también recoge decisión, concentración, presión y fatiga mental. Eso no lo invalida; al contrario, capta lo que el acelerómetro no ve.

Lo que exige el partido. Al comparar jugadores australianos de élite y subélite, Scanlan observó que los de élite realizaban más cambios de movimiento, trote y carrera, con una actividad intermitente más sostenida. Los subélite pasaban más tiempo parados o caminando, con sprints aislados y recuperaciones más largas. La conclusión es que el nivel élite no se define por más sprints, sino por menos oportunidades de recuperar. En básquet femenino, sus estudios mostraron exigencias cardiovasculares elevadas, niveles moderados de lactato y más de mil setecientas acciones por partido, con perfiles distintos entre jugadoras de perímetro e interiores. Una revisión sistemática de la que fue coautor concluyó varias cosas. En partidos de 40 minutos se recorren entre cinco y seis kilómetros a intensidades medias altas, y la actividad intensa disminuye en el último período. Los bases realizan más sprints y desplazamientos laterales, y jugadores y jugadoras del mismo nivel enfrentan demandas similares. El artículo advierte que estas cifras dependen de la muestra, la competencia y la tecnología de cada estudio, y no son estándares universales.

Del partido al test. La tesis de Scanlan muestra su secuencia metodológica: analizar el partido, identificar sus demandas, diseñar una prueba específica, evaluar la respuesta y prescribir el entrenamiento. El BEST buscó representar lo que una carrera lineal continua no capta: intermitencia, cambios de dirección, variaciones de intensidad y recuperación incompleta. En la misma línea, una revisión sobre monitoreo en básquet de la que participó destacó que los microsensores, en especial los acelerómetros triaxiales, son una opción práctica para deportes de cancha cubierta, donde el GPS no funciona.

Un sistema mínimo de control de carga. El IFD propone un sistema que combine siete áreas. La carga externa global se sigue con el PlayerLoad total y por minuto activo, y la específica con aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección y saltos. La carga interna subjetiva se mide con el esfuerzo percibido de la sesión, y la objetiva con el tiempo individual en zonas de frecuencia cardíaca. La exposición se registra con el tiempo total y el activo. El estado del jugador se controla con bienestar, salto y dolor. El contexto incluye el tipo de tarea, el puesto, los minutos y la distancia al partido. La idea no es acumular métricas, sino elegir variables que respondan preguntas distintas y sirvan para modificar el entrenamiento. También conviene normalizar por tiempo activo, porque una sesión de 90 minutos puede tener solo 35 de trabajo efectivo.

Cómo leer la combinación. Una carga externa alta con una respuesta interna alta indica una sesión exigente con la respuesta esperada. Una carga externa alta con una respuesta normal o baja puede reflejar buena tolerancia, o una tarea explosiva que la frecuencia cardíaca no capta. Una carga externa baja o moderada con una respuesta alta puede señalar fatiga residual, estrés, mal descanso o una tarea isométrica o cognitiva. Ambas bajas indican una recuperación planificada o un estímulo insuficiente. Si dos jugadores con el mismo PlayerLoad reportan esfuerzos muy distintos, eso no significa automáticamente que uno esté mal. Antes hay que revisar minutos previos, sueño, molestias, tarea, contactos, frecuencia cardíaca, bienestar e historial. La combinación orienta, pero el diagnóstico se hace con el historial individual.

Precauciones. Los trabajos centrales de Scanlan usan muestras pequeñas, en su mayoría de jugadores australianos semiprofesionales, con tecnologías anteriores a las actuales y análisis grupales que pueden ocultar diferencias individuales. Los algoritmos varían entre marcas, las acciones isométricas y los contactos siguen siendo difíciles de cuantificar, y una correlación no basta para predecir lesiones o rendimiento. El propio autor recomendó estudiar estas relaciones dentro de cada jugador, en distintas fases de la temporada y en niveles profesionales más altos.

Síntesis. Scanlan conectó tres áreas que solían estudiarse por separado: las demandas del partido, la carga externa y la carga interna. Su obra muestra que ambas cargas están relacionadas pero no son equivalentes. El PlayerLoad y la carga cardíaca por zonas muestran la relación dosis-respuesta más fuerte, los cambios de dirección son un estresor clave, y la respuesta es más predecible en el entrenamiento que en el partido. No alcanza con saber cuánto trabajó el jugador. También hay que saber cuánto le costó y por qué la misma dosis produjo una respuesta distinta.

IFD – Instituto de Formación y Deporte
www.formacionydeporte.com

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